La literatura sin límites de César Aira

Portada: © Arturo Guerrero, Mi vida sin ti (fragmento)

Colección particular, cortesía Diseño de portada: Juan Carlos Olivier

 

“He estado buscando el argumento para la novela

que quiero escribir: una novela de aventuras,

sucesiva, llena de prodigios e invenciones.”

César Aira, La costurera y el viento

Probando que la cantidad no está peleada con la calidad, César Aira no ha tomado ningún descanso y se ha convertido desde la publicación de su primera novela, Moreira (1975), en uno de los escritores más prolíficos de Argentina, hasta la fecha ha publicado más de cien títulos. Aira se ha destacado por escribir ensayos y cuentos; además de que en numerosas ocasiones se ha dedicado a la traducción, —como ejemplo está su traducción a una de las más grandes novelas del siglo XX: La metamorfosis, de Kafka— sin embargo, su especialidad y género preferido siempre ha sido la novela,

Durante casi dos décadas vivió en Coronel Pringles, Argentina, lugar donde nació en el año de 1949; fue en 1967 que decidió mudarse a Buenos Aires para dedicarse por completo a la escritura. Las oportunidades para destacar en el ámbito de la literatura eran mayores en Buenos Aires que en su pueblo natal, no obstante, sus textos siguen plagados de seres y recuerdos pringlenses.

Para Aira el oficio de escritor es una cuestión seria, a diario escribe una página dejándose llevar por su imaginación y la improvisación. Al escribir novelas no le gusta exceder las cien páginas, aunque las editoriales y sus lectores preferirían que sus libros fuesen más extensos, al respecto el autor ha afirmado que se siente más cómodo entregando a su editor una centena de hojas bien escritas que un bonche de hojas que resulten aburridas o tediosas.

En diversas ocasiones Aira ha dicho que las buenas críticas a su obra son las que más odia. Sin duda las opiniones respecto a sus obras han sido variadas y uno que otro lector lo ha complacido lanzando alguna crítica negativa, pero tampoco hay duda de que explorar sus páginas es una buena oportunidad para adentrar al lector en un mundo nuevo que se abre paso en la literatura contemporánea y qué mejor manera de acercarse al autor que con la lectura de la novela: La costurera y el viento, ejemplar que en México sólo se distribuye, como otras catorce novelas de este autor, en la editorial ERA.

En La costurera y el viento, Aira plantea desde un principio las reglas del juego, anuncia desde las primeras páginas que en esta novela se dará la licencia de escribir cualquier cosa sin marcar un límite a la ficción, llevándola hacia dimensiones jamás vistas en la literatura. Esta narración representa una serie de aventuras sucesivas iniciadas en la mente de alguien que escribe en un Café de París, quizá un escritor que puede ser él mismo u otro que funciona como un alter ego novelístico, al igual que en otras de sus novelas donde Aira se introduce como uno de los personajes.

Ahora bien, su manera de contar el relato no es tan simple, en realidad no hay una trama principal, sino que hay dos tramas que conviven dentro de la novela, ambas con la misma importancia en la historia. En primer lugar está un escritor que intenta encontrar el argumento perfecto para un título con el que se ha encaprichado y los sueños y recuerdos de su vida en Pringles que, a su vez, se mezclan para construir dicho argumento.

Esta parte de la historia representa una reflexión de la escritura misma, parte que sin lugar a dudas podría incluirse en un manual de escritura creativa, ya que mientras el escritor escribe, valga la redundancia, analiza cómo construir una trama, construcción en la que participan elementos como la experiencia, los sueños, la memoria y la imaginación; incluso menciona cuál es el ambiente propicio para la creación de una novela, que en este caso es la mesa de un café.

En segundo lugar está la infancia de un Aira ficticio, historia donde la desaparición de un niño es el pretexto para que todo comience. Aquí la narración aparenta seguir un rumbo “normal”, pues se presenta un día tranquilo en Coronel Pringles, pero Aira no se limita a hablar de lo común o más bien, hace que lo común se agigante y se vuelva extraordinario, los chismes que se riegan por el pueblo y la organización de las familias sólo son un antecedente para abrirle paso a la ficción.

Al enterarse de la desaparición de su hijo, Delia Siffoni se lanza desesperada en su búsqueda, sin saber que ella se convertiría en el objeto de la búsqueda. Delia, una simple costurera, de pronto se transforma en el punto de encuentro de cinco personajes, sólo la imaginación de Aira podría reunir a un monstruo con dos choferes adictos al juego, el viento y una maestra histérica porque se casará en poco tiempo; personajes cuyos actos llegan al absurdo de confeccionar un vestido de novia dentro de un taxi o de ir a apostar haciendo a un lado a la esposa perdida en la Patagonia.

Su creatividad es envidiable, la creación de un monstruo sin forma, “tan horrible como un cuadro abstracto de Kandinsky” demuestra que es capaz de manejar personajes típicos de la sociedad, pero que también puede darle vida a seres propios salidos de quién sabe qué rincón de sus cabeza, también es demostrada su capacidad de reinvención dándole al viento un nombre, Ventarrón, y personalidad, lo humaniza de una forma en que podemos verlo cayendo, deteniéndose y enamorándose.

A lo largo de los capítulos que componen la novela sólo es posible esperar lo inesperado, cambiar de hoja significa encontrar una nueva sorpresa, la ficción crece y se desborda, la expectativa de lo extraordinario está vigente mientras avanza la lectura siendo imposible predecir lo que viene. Es una sensación similar a leer un cuento de Borges, uno no sabe hasta dónde la historia es real y dónde comienza la invención del autor, de igual forma la narrativa de Aira oscila entre la anécdota y la ficción, mientras que el lector no tiene más remedio que confiar en la verosimilitud de la obra y creerlo todo de buena fe.

Es difícil elegir un adjetivo que describa a La costurera y el viento, más cuando ni siquiera se puede definir la sensación que causa haberla leído. Quizá finalizar la novela pueda causar un odio inmediato por el autor, odio por no encontrar una página más en el libro, pero después no queda más que aceptar que el paso siguiente es adquirir otra de sus novelas.

 

Bibliografía:

Aira, C. (2007). La costurera y el viento. México: ERA.

 

Portada: © Arturo Guerrero, Mi vida sin ti (fragmento)

Colección particular, cortesía Diseño de portada: Juan Carlos Olivier

 

Samantha Natalia de Luna Saucedo

sdeluna@clea.edu.mx

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